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miércoles, 17 de agosto de 2011

Coliseo

Hace unos días veíamos una foto de unos novios asiáticos haciéndose fotos junto al Coliseo de Roma. Bien, hoy vamos a ver bien el que probablemente sea el monumento más emblemático de la capital de Italia. Todavía restan un par de instantáneas más para olvidarnos de él, pero hoy nos dedicamos a este edificio histórico, para verlo en solitario, con toda su majestuosidad, y junto al Arco de Constantino, que se encuentra entre el Coliseo y el Foro Romano.

Un día antes de viajar a Italia recibí la cámara analógica que quería llevar conmigo, la Fuji Zoom Date f/2.8, dotada de un super angular de 24mm con el que estaba seguro de que no se me escaparía nada en mi viaje. Siempre es un riesgo llevarse una cámara sin probar a un viaje, pero en esta ocasión me arriesgué, cargándola casi siempre con mi película favorita de negativo color, el Kodak Ektar 100. El resultado para mí es un completo éxito a la altura del logrado con una cámara infinitamente más cara, como la Fuji Klasse W. Sin duda la mejor elección para aquellos aficionados a la fotografía analógica que quieran tener una pequeña cámara compacta con una lente gran angular y una nitidez fuera de serie.

jueves, 11 de agosto de 2011

Museos Vaticanos

Aunque no lo he comentado, por los últimos posteos resultará obvio que parte de las vacaciones las pasé en Roma. No era la primera vez que me acercaba a la capital de Italia, de hecho ni siquiera era una preferencia para mis vacaciones, pero entre que mi novia no había estado nunca allí y que los destinos desde el aeropuerto de Oporto no son excesivos, terminamos visitando Roma. Ella para descubrirla por primera vez, yo para conocer la ciudad en mayor profundidad. Lo cierto es que creo que ella descubrió la ciudad en detalle, pero a mí todavía me queda mucho más por ver, cuestión de exigencias, soy de esas personas que se recrean mucho tiempo en las cosas, me da pena perderme cualquier cosa y esto hace que los viajes se conviertan en verdaderos maratones turísticos en los que por muchas horas de luz que haya, siempre me faltará tiempo.

De entre todos los lugares que visité en esta última estancia en Roma, quizás el que más dudaba en volver a ver eran los Museos Vaticanos. Y no es que sea porque no merezcan la pena, todo lo contrario, pero sucede que las colecciones expuestas en los Museos Vaticanos, excepción hecha de la Pinacoteca (de la que sólo se puede ver una pequeña parte), suele permanecer inalterada con el paso del tiempo. Obviamente no van a redecorar ni repintar la Capilla Sixtina, ni la Sala de las Cartas Geográficas, ni las Estancias de Rafael, con lo cual si repites visita lo normal es que la práctica totalidad de lo que descubres ya lo hayas visto con anterioridad. En cualquier caso no me arrepiento de haber vuelto por allí, hubiera sido injusto hacer que mi novia se marchar de Roma sin haber visto la Capilla Sixtina o la Sala de las Cartas Geográficas...y yo de paso volví a maravillarme con todos los tesoros que este estupendo museo alberga.

Hoy traigo aquí lo que es el fin de la visita a los Museos Vaticanos, la escalera de salida que nos conduce hacia el exterior una vez terminada la visita. Me fascinan las escaleras de caracol y esta es una de las más grandes y majestuosas con las que me tropecé, en realidad, tal y como sucede con la escalera de caracol del Museo del Pobo Galego, aquí en Santiago de Compostela, esta escalera no es una, sino varias, lo cual la hace todavía más atractiva. Sólo por su mera contemplación merecería la pena darse una vuelta por los Museos Vaticanos, pero encontrarla después de ver la Capilla Sixtina ya es algo fuera de serie.

martes, 9 de agosto de 2011

Postal turística

Escondida en el número 19 de la Via Pellegrino se encuentra uno de esos pequeños secretos que encierra la ciudad de Roma. Al llegar a esa dirección ubicada en pleno centro histórico de la ciudad italiana, nada parece indicar que allí vayamos a encontrar punto alguno de interés, pero lo cierto es que si nos fijamos en la triste y lúgubre arcada que se abre ante nosotros (Arco Degli Acetari) y nos decidimos a traspasarla, damos con un patio de vecinos que pronto reconoceremos por su tipismo y por haber sido reproducido una y mil veces en las guías turísticas romanas.

Lo primero que observamos en este pequeño patio, descuidado, como toda la ciudad romana, es que parece desubicado dentro de la propia urbe, ya que su tranquilidad mundana no parece digna del agitado centro histórico de la capital italiana, si no más bien del maravilloso y popular barrio del Trastevere, mi rincón favorito de Roma. A poco que estemos unos minutos allí, contemplando la descuidada pintura muchas veces repleta de desconchones, observaremos a sus vecinos disfrutando tranquilamente de la vida, tomando un café, leyendo un libro...sin importarles los turistas (somos pocos los que llegamos aquí, la verdad) curiosos ávidos de disfrutar de esta idílica visión de la vida romana, tan alejada de la real, repleta de coches a toda prisa y conductores malumorados. Los viajes merecen la pena por este tipo de detalles, así que si viajas a Roma, no dejes de buscar este patio, su contemplación merece cinco minutos de tu tiempo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Recorrer medio mundo para hacer el ridículo

Al menos esa es la impresión que me da a mí. Mes de Julio, Roma, temperaturas de infarto (40ºC el día de esta instantánea), vestidos de novios, con decenas de personas haciéndote fotografías en el sitio más turístico de toda la ciudad, país...¿planeta?. La situación ya es de por sí incómoda, pero pensar que te has recorrido (literalmente) medio mundo para llegar hasta aquí, es de locos. Y lo peor de todo es que es muy habitual que muchas parejas de novios (los italianos tienen un pase, por aquello de la comodidad y tenerlo cerca) pasen por este suplicio para poder atesorar un recuerdo de tan dudoso valor...más en estos tiempos, en los que los divorcios están a la orden del día.

Pero bueno, ya se dice por ahí, en este mundo hay gente para todo...